Cecilia Algeciras

Psicología de adultos e infanto-juvenil

Trastorno de Pánico con y sin Agorafobia

Hablamos de trastornos de pánico cuando una persona experimenta ataques de pánico inesperados y recurrentes y desarrolla miedo o aprehensión ante la posibilidad de ocurrencia de nuevos ataques de pánico por temor a sufrir los síntomas característicos de estos.

¿En qué consisten los ataques de pánico o crisis de angustia?

Los ataques de pánico o crisis de angustia se dan cuando una persona sufre un miedo, terror o malestar muy intenso, que aparece de forma repentina y durante un período limitado de tiempo (en general unos minutos, aunque en algunos casos puede durar hasta una hora), y que se ve acompañado de al menos cuatro de los siguientes síntomas:

  • Palpitaciones o taquicardia.
  • Sudoración.
  • Sofocación o escalofríos.
  • Temblores o estremecimientos.
  • Sensación de ahogo.
  • Dolor o molestias en la zona del corazón.
  • Náuseas o molestias de estómago.
  • Mareo o sensación de inestabilidad o de desmayo.
  • Visión borrosa.
  • Vértigos.
  • Sensación de irrealidad y despersonalización (parecer como si se estuviera fuera del cuerpo).
  • Miedo a morir, a perder el control o a enloquecer (las personas, al notar esas sensaciones, pueden creer que están sufriendo un infarto u otro problema médico).

Todas estas sensaciones son síntomas propios de la respuesta de ansiedad, y se activan cuando interpretamos que una situación constituye una amenaza contra nuestra integridad física, psicológica o social. El problema viene panico2cuando tememos a estas reacciones, pues este miedo hace que se incremente la respuesta de ansiedad, y esto a su vez genera más miedo que empeora la ansiedad y así sucesivamente, produciéndose un ataque de pánico.

Es lo que también se suele denominar miedo al miedo, es decir, miedo a la propia respuesta de ansiedad asociada al miedo.

Sin embargo, padecer un ataque de pánico no implica necesariamente desarrollar un trastorno de pánico. Todos podemos haber sufrido un ataque de pánico a lo largo de nuestra vida, causado por situaciones estresantes o por el consumo de sustancias (drogas o fármacos) sin que esto haya ido a más.

Es posible que al trastorno de pánico o angustia le acompañe otro trastorno, la agorafobia. El cual, al contrario de lo que popularmente se piensa, no es “miedo a los espacios abiertos”.

¿Qué es la agorafobia?

Una persona presenta agorafobia cuando experimenta una respuesta elevada de ansiedad al exponerse  o anticipar la exposición a situaciones en las que no podrá disponer de la ayuda necesaria o será difícil escapar en caso de sufrir un ataque de pánico o amago del mismo. Ejemplos de tales situaciones pueden ser: estar sólo fuera de casa, estar en lugares concurridos, estar en espacios cerrados como ascensores o túneles, viajar en transporte público, conducir, hacer cola….

A consecuencia de ello la persona evita exponerse a esas situaciones y si lo consigue, normalmente es en compañía de alguien de confianza y bajo una gran ansiedad.

Así, podemos encontrar trastorno de pánico con y sin agorafobia, y agorafobia sin trastorno de pánico. Es importante realizar el diagnóstico diferencial y que estos síntomas no se puedan explicar mejor por otro tipo de trastorno de ansiedad, como alguna fobia específica o la fobia social.

Tratamiento

Desde el enfoque cognitivo-conductual, la terapia se centra en enseñar a la persona a reconocer los antecedentes del ataque de pánico, herramientas para gestionar la crisis en sí y la ansiedad ante la posibilidad de que pueda volverse a producir y estrategias de afrontamiento.


Recomiendo leer la siguiente entrada del blog:  La pesadilla que se muerde la cola.