Cecilia Algeciras

Psicología de adultos e infanto-juvenil

Depresión

Coloquialmente, se usa la palabra depresión para referirnos a un momento puntual en el que nuestro estado de ánimo es más bajo de lo habitual. Sin embargo, la depresión es mucho más que eso. Incluída dentro de los llamados Trastornos del Estado de Ánimo, se trata de un trastorno psicológico que supone importantes cambios en la manera de pensar, de sentir y de comportarse de una persona, provocándole un gran malestar.

Se caracteriza por un estado de ánimo habitualmente bajo y por la pérdida de interés y de disfrute de actividades que antes solían interesar y gustar a la persona. Pueden aparecer otros síntomas como: irritabilidad, ansiedad, alteración del sueño, cansancio excesivo, cambios en el apetito, dificultades de concentración y toma de decisiones, sentimientos de inutilidad y culpa e incluso alteración del deseo sexual.

Autor: Pedro Casas Serra

Autor: Pere Casas Serra

A nivel cognitivo, es decir, en el modo de razonamiento y procesos de pensamiento del que padece depresión, se aprecian las creencias negativas acerca de la propia persona, de los demás, del mundo y del futuro, así como del entorno y las personas que la rodean.

La depresión es el trastorno psicológico más frecuente y afecta a todos los ámbitos de la vida de la persona, llegando incluso, en estados graves, al suicidio. Aunque puede aparecer sola, es muy frecuente que acompañe a otros problemas emocionales, por lo que también ha de ser tenida en cuenta aun cuando el motivo de consulta sea otro.

Es un trastorno cuyo efecto no sólo lo sufre el paciente, sino también sus más allegados y su mantenimiento puede ir teniendo efectos negativos colaterales en diversas áreas de la vida de la persona. Por lo que es importante acudir cuanto antes a un profesional cualificado que oriente y explique al paciente todo cuanto ha de conocer sobre lo que le ocurre y las herramientas necesarias para superarlo.

Intervención

Existen diversas teorías que explican el por qué de la depresión. Así, podemos encontrar su causa en la ausencia de refuerzos, como resultado de pensamientos inadecuados, como indefensión aprendida o en desajustes bioquímicos de nuestro sistema nervioso.

El tratamiento psicológico cognitivo-conductual establece protocolos de intervención para los trastornos depresivos que contienen psicoeducación progresiva, herramientas y pautas de pensamiento y conducta más adaptativas y funcionales; y establecer una planificación de actividades con las que ésta aprende a encontrar aquellos refuerzos de su entorno que había dejado de recibir durante su estado depresivo.

Para llevar a cabo la intervención de forma personalizada, se comenzará con la realización de un análisis funcional con el que concretar los aspectos que están influyendo en la vida de la persona y, por tanto, las áreas a trabajar. Por otro lado, deben tenerse en cuenta la relación de los estados depresivos con el estrés y la ansiedad y ser incluidos dentro de la intervención con el fin de conseguir la reducción y control de los niveles de ansiedad y el afrontamiento al estrés.

Igualmente, se realizarán sesiones de seguimiento a largo plazo para prevención de recaídas pues, no debemos olvidar que los trastornos depresivos tienen un alto índice y alrededor de un 15% de los estados depresivos mayores finalizan con el suicidio de la persona.