Cecilia Algeciras

Psicología de adultos e infanto-juvenil

Baja autoestima e inseguridad

Cuando hablamos de autoestima, nos referimos a cómo nos sentimos con nosotros mismos. Está muy relacionada con la satisfacción que una persona tiene con respecto a sí misma y a su vida y determinada por la confianza que tenemos en nuestra eficacia personal y el respeto a uno mismo, manifestándose en nuestras actitudes ante la vida.

autoestimaPor otro lado, debemos diferenciar autoestima de autoconcepto, o concepto que tenemos de nosotros mismos. Éste se forma a lo largo de la vida y está basado en las creencias que tenemos sobre nuestras cualidades personales: la idea que tenemos de nosotros como persona y de nuestro cuerpo, las motivaciones que nos mueven y llevan a actuar, nuestras capacidades laborales, intelectuales, sociales, y las valoraciones de los demás.

Una vez se forma el autoconcepto, generamos un sentimiento hacia nosotros mismos que determina nuestra autoestima.

Las valoraciones que se hagan sobre nosotros influyen tanto en nuestra autoestima como en el autoconcepto, pero de todos los juicios a los que nos vemos sometidos, ninguno es tan influyente como el propio.

Es necesario trabajar aquellos aspectos reforzadores de la autoestima y que nos servirán como factores de protección ante situaciones que puedan hacer que se resienta. Estos reforzadores podemos encontrarlos en distintas áreas de nuestra vida: familia, relaciones sociales, realización personal, formación académica, salud, ocio…

¿Por qué es importante?

La autestima y el autoconcepto son una parte importante de nosotros y están involucrados en gran medida en nuestro bienestar. Cuando una persona tiene baja autoestima difícilmente se sentirá satisfecha y se sentirá incapaz de conseguir aquellos objetivos con los que sentirse a gusto con ella misma. Estos niveles de autoestima tienden a manifestarse de una o varias de las siguientes formas:

  • Autocrítica y autoevaluaciones negativas constantes hacia uno mismo.
  • Sentimientos de culpa e inferioridad.
  • Alta frustración ante errores.
  • Inseguridad ante situaciones cotidianas y en las relaciones interpersonales.
  • Predicciones de fracaso.
  • Poca o ninguna autoafirmación ante los demás (déficit en asertividad).

Las personas con baja autoestima tienden a no atender sus necesidades y deseos y a tener poco respeto por sí mismas, pudiendo dar lugar a problemas de:

  • Estados de ánimo negativos (depresión, irritabilidad).
  • Dependencia Emocional (sumisión, tendencia a agradar).
  • Adicciones.
  • Trastornos de alimentación.
  • Problemas de comunicación y habilidades sociales (aislamiento social)

Intervención

Para abordar este tipo de problemas, debemos tener en cuenta que la autoestima no es una cosa de la se carece o se tiene y ya está. Es algo que se crea, que se va desarrollando con el tiempo y que requiere de cuidado continuo a lo largo de nuestra vida. Tampoco es lineal, es decir, sufre altibajos determinados por las circunstancias y sucesos que nos acontecen.

Así, el objetivo de la intervención es ayudar a la persona a la identificación de las creencias que tenga  sobre sí misma, sobre los demás y sobre el funcionamiento del mundo. Esto nos permitirá focalizar las áreas sobre las que debemos intervenir y que son necesarias para volver a construir una buena autoestima. Es necesario reflexionar y analizar cómo nos sentimos y aquellos aspectos que nos pueden estar ocasionando malestar, tomando consciencia de nuestros actos y actitudes con la intención de conseguir que respeten y sean congruentes con nuestros valores, necesidades y deseos.